[Poemario] Pequeña obra completa

Portada del poemario disponible en descarga https://drive.google.com/file/d/19ChRGHzHJcNQCxwZFYoQMuf6yzSrxO_K/view?usp=sharing

sin darme cuenta, desde 2017 llevo escribiendo este poemario que puedes descargar dando clic acá →“Pequeña obra completa”

es un libro de poemas que pensé: le daría mucha risa a Cervantes y a Efraín Huerta; pero también lo escribí pensando en Patti Smith, Humboldt, Johnny Cash y Travis Birds porque creo que son personas increíbles. Está dedicado a Irene y me gusta que haya cosas que pueden leerse por todxs, pero que de todo, existan cosas que sólo entre nosotros sabemos su verdadero significado. En él me acompañaron muchos amigos y espero que me dé la vida para agradecerles el cariño y la compañía. No podría decir más, pues todo eso está ahí, todo, excepto que es un libro que creo que le habría gustado leer a mi abuela si hubiera sabido leer o si, al menos, yo no me hubiera tardado tanto en descubrir que tenía voz para hablar con ella cuando aún escuchaba

Nota de Roberto Clemente para esta edición

Una obra completa siempre es abierta y cambiante. Aun cuando el autor ha fallecido o la persona que le daba vida se niega a seguir escribiendo, hacen falta varias vidas para poder editar la plenitud de una labor tan caprichosa como es la escritura. Ésta, como nos hemos enterado con el paso de los años, puede aparecer en forma de poema, cuento o novela, pero también en otras figuras caprichosas y a veces más sutiles como lo son los correos, las notas, los apuntes o las listas de súper mercado; y siempre es cosa de expertos decidir qué cabe o no en ella para editar, cuantas veces quieran intentarlo, las obras completas de alguien. De mi parte te sé decir que lo he intentado lo mejor posible: he intentado hallar todos los poemas que pude de Fausto Vela y los he transcrito lo más cariñosamente posible. En el camino han desaparecido algunos, soy consciente de ello, por eso tengo que ser honesto y declarar que esta tan sólo es una pequeña obra completa y si se agranda lo será a pesar de mí.

Para establecer este texto, he trabajado básicamente con fotocopias y manuscritos; unas encontradas por ahí, otros reelaborados y contrastados por allá. Pero a pesar del cuidado, todo terminó confundido y un poco roto. Te contaré: Mi encuentro con la poesía de Vela sucedió y se mantuvo a lo largo de los años por mera casualidad. Nunca me dediqué a las letras y en ese entonces mi única pasión era el béisbol. Pero alguna vez pasé frente a un vendedor callejero de libros viejos y quedé atrapado cuando le escuché leer en voz alta: “Desprejuiciados son los que vendrán / Y los que están, ya no me importan más / Los carceleros de la humanidad no me atraparán / Dos veces con la misma red”. Me gustó tanto aquello que le pagué los diez pesos que pedía y terminé llevando las fotocopias de Vela a mis compañeros del equipo de béisbol Los Hipogrifos Violentos. Ahí estaban en esas fotocopias: Bisonte, el primer poemario del poeta; algunos capítulos de su novela Destruye el blanco; así como un ensayo científico que sinceramente nadie entendió. Éramos un equipo de tercera división muy joven y la emoción del béisbol unida a la del encuentro con la poesía hizo que no tuviéramos cuidado con las hojas y, por lo tanto, varios manojos de la obra se fueran perdiendo.

Pitcher, catcher y jardineros se hicieron fans de Vela, al grado de que “casualmente” varios encontraron poemas sueltos que terminé transcribiendo luego de la primera pérdida. Ahora sospecho fueron poemas escritos por ellos, pero ya poco importa. Hoy son parte de esta recopilación que para mí ya es el signo de una época feliz en la que algunos decían que la poesía fue nuestro amuleto de la suerte: porque entre más leíamos mejor nos iba.

Años más tarde me enteré de que todos recitaban algo antes de los partidos. Miguel Hernández, nuestro bateador estrella, se acordaba de los versos de: “El pueblo es la estrella mágica que vemos perecer en el río. / La estrella que fusionó todos sus centros en un plano infinito cuando los torturadores sangraban en mi carro / Y nosotros: desatormentándonos para siempre”; el jardinero, Ricardo Nefta’ Reyes, adoraba lo de: “Quiero atrapar el sol / En una pared desierta. // Me siento tan libre que / Hasta me ahoga esa idea. / Me hace mal la realidad /De saber que el perro es perro / Y nada más”; y la lanzadora, Lucila Alcayaga alucinaba con el poema que dice: “La indómita luz / Se hizo carne en mí / Y lo dejé todo / por esta soledad”. Desde que nos pusimos a leer y hasta el último partido nos fue increíble.

Pero todo tenía que terminar. No porque se nos acabara la racha, sino porque nos empezó a ir tan bien en las otras cosas que hacíamos además del béisbol que cada quien se fue para su lado. En este país es así. Ni el deporte ni la poesía dejan mucho. Pero por eso mismo seguí conservando los poemas que me trajeron cuando les gustaba la poesía; así, terminé integrando las versiones firmadas por César La Cruz, Ángelo Caro, Rosalino Sanchez y José Alberto Iglesias, los únicos críticos y editores (hasta ahora) de la poesía de Fausto Vela.

Eso es esta Pequeña obra completa, un libro en el que está el trabajo de este poeta divertido, complejo, interesante, nimio, sencillo y tesioso por igual. Un poeta que, como dicen en todas las contraportadas y presentaciones: juega con el lenguaje con una precisión que es igual hiriente que liminosa; un refrescante aliento en el panorama actual de la literatura. Un artista en todo el sentido de la palabra que aunque nada de lo anterior sea cierto, ojalá se publique más y logre acompañar a otros como a mí me acompañó en vida.

Vale

Roberto Clemente

procuro tener las orejas lo más atentas posible; hablo sobre canciones, comida y literatura

procuro tener las orejas lo más atentas posible; hablo sobre canciones, comida y literatura